La fuerza que no sabías que tenías

Por 🌻 Oshun Wunmi Kole 🦋

Hay momentos en los que no descubres cuánta fuerza tienes hasta que sientes que ya no te queda ninguna.

Hay días en los que no sabes cuánto vales hasta que el valor propio se convierte en lo último que eres capaz de mirar.

Hay temporadas en las que no imaginas cuántas puertas podrían abrirse para ti hasta que ves cómo todas aquellas en las que confiabas se cierran una tras otra.

Entonces piensas que la vida es dura.

Que la vida es injusta.

Que la vida vino a romperte.

Pero, con el tiempo, descubres una verdad que cambia por completo tu perspectiva: no siempre es la vida la que nos hiere con tanta fuerza. Muchas veces son las decisiones que hemos tomado dentro de ella.

Decisiones nacidas del amor, de la ilusión, de las expectativas, del deseo de que las personas fueran diferentes a lo que realmente eran. Decisiones tomadas con los ojos vendados por el afecto, por la esperanza o por el miedo a aceptar una verdad que ya estaba frente a nosotros.

El ser humano tiene una extraña capacidad para aferrarse a una fantasía antes que abrazar la realidad.

Preferimos creer en el potencial de alguien antes que aceptar sus acciones.

Nos enamoramos de las promesas, ignorando los hechos.

Justificamos lo injustificable porque aceptar la verdad significaría despedirnos de aquello que tanto deseábamos conservar.

Y mientras seguimos sosteniendo lo que ya terminó, vamos soltándonos a nosotros mismos.

Sin darnos cuenta, dejamos de ser nuestra prioridad.

Olvidamos nuestro valor.

Callamos nuestra voz.

Permitimos que otros definan quiénes somos.

Pero la vida, aunque a veces parezca cruel, nunca deja de ofrecernos una nueva oportunidad.

Cada amanecer es una invitación a elegir distinto.

A sanar distinto.

A amar distinto.

No son los escenarios los que determinan nuestra historia; son las decisiones que tomamos dentro de ellos.

Porque muchas veces cambian los rostros, cambian los nombres, cambian los lugares… pero seguimos interpretando el mismo papel, repitiendo el mismo patrón y viviendo la misma historia con diferentes protagonistas.

Hasta que un día decides detenerte.

Y ese día comienza tu verdadera transformación.

Hoy quiero invitarte a mirar hacia adentro.

No pienses primero en quién te falló.

Piensa en cuánto amor dejaste de darte mientras intentabas salvar a otros.

Piensa en el valor que olvidaste reconocer en ti.

Piensa en todas las veces que ocupaste el último lugar en tu propia vida.

Quizá para algunas personas seas la villana de una historia mal contada.

Para otras, serás quien les tendió la mano cuando nadie más estuvo presente.

Cada persona construirá una versión de ti de acuerdo con sus necesidades, sus heridas, sus expectativas y su manera de mirar el mundo.

Pero ninguna de esas versiones tiene más peso que la verdad que habita en tu conciencia.

Lo verdaderamente importante no es quién dicen que eres.

Lo verdaderamente importante es quién sabes que eres cuando cierras los ojos y escuchas la voz de tu alma.

Ahí no existen máscaras.

No existen apariencias.

Solo existe la verdad.

Y si dentro de ti sabes que actuaste con amor, que hiciste lo mejor que pudiste con la conciencia que tenías en ese momento, entonces deja de cargar culpas que no te pertenecen.

Aprende.

Corrige.

Perdona.

Y sigue caminando.

Porque incluso los errores pueden convertirse en los maestros más grandes cuando tenemos la humildad de aprender de ellos.

No permitas que el dolor defina tu identidad.

No permitas que una traición determine el resto de tu historia.

No permitas que un desierto te haga olvidar que también existen jardines.

Las pruebas no llegan para anunciar tu final.

Llegan para revelar una fuerza que todavía no conocías.

Una fuerza que nace cuando ya no queda orgullo.

Cuando desaparecen las falsas seguridades.

Cuando solo permanecen la fe, la esperanza y el deseo profundo de volver a empezar.

Confía en Dios.

Confía en el tiempo.

Confía en el propósito que aún no alcanzas a comprender.

Porque aquello que hoy duele profundamente puede convertirse mañana en el testimonio que inspire a alguien más a no rendirse.

No te rindas.

Lo mejor no quedó atrás.

Lo mejor comienza el día en que decides dejar de sobrevivir para empezar a vivir.

Y ese día puede ser hoy.

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